La Dama de las Nieves
23 feb 2005
Esta ola de frío se pone interesante. Parece que la blancura cegadora del blog de nuestro ciberperro fue un anticipo de la visión con la que nos ibamos a encontrar hoy al salir de casa, la misma sensación de haberte equivocado de sitio, de haberte levantado por el lado equivocado y haber salido por la puerta equivocada a otra calle, a otro mundo. Al salir de la estación, kilómetros de acera inclinada protegida de nuestras violentas pisadas por una traicionera capa de hielo, que ha convertido a la agresiva muchedumbre de cada día en agradables personajes de un cuento de invierno, con pasitos cortos y divertidos como de muñeca de Famosa, que se dividían entre mirar los árboles para retener esa imagen hasta la próxima nevada (dentro de 10 años) y fijarse en las irregularidades del suelo, de pronto convertido en un estofado negruzco salpicado de montañitas blancas de usar y tirar que se hunden bajo los pies con ese ruidito de colchón de espuma que hace cosquillas. En el curro no hay nadie, algunos atrapados en sus coches, otros en sus casas… se está tan bien así, la oficina convertida en un refugio silencioso y caliente donde tomar café y mirar la nieve.