Cuando vuelo sobre el litoral
28 nov 2006
Todo iba tan rápido, que el hombre que iba a los entierros tenía que correr mucho para seguir en el mismo sitio. Era agotador. Pero era feliz y se sentía en su sitio hasta que aquel profesor de francés envidioso y malvado lo mató a tiros por una razón que ambos se llevarían consigo.
Pero esa es otra historia. En el planeta enano de los prados verdes, donde no había hobbits, ni elfos, ni golfistas, el mar revuelto salpicaba las paredes de las casitas azules donde los éxters disfrutaban de banda ancha con vistas al azul infinito. Los scanners sólo estaban programados para llorones, impostores y monoteistas radicales.
A los fantasmas de otros mundos les gustaba aparecerse por allí y algunos se quedaban, como el hombre que iba a los entierros que allí, ya muerto y más relajado prefería ir a inauguraciones de nuevos centros de negocios, donde no tenía por qué ir de negro y además ponían temas de Rita Pavone y daban canapés.
Pero ese fantasma tampoco importa mucho ahora. Se quedó en el planeta enano como se quedaban todos los que como él tenían la oportunidad y sobre todo aquellos que decidieron dejar la lucha infinita para construir
Mi patria no es el mundo;
mi patria no es Europa;
mi patria es de un almendro
la dulce, fresca, inolvidable sombra.
A los fantasmas curiosos de la red nos gusta, de vez en cuando, apartar la cortina mágica de los unos y ceros y echar un rápido vistazo a lo que hay al otro lado.
A veces, tenmos suerte y nos encontramos con un verde prado sin alambradas, poblado de trozos de sueños. El recuerdo de esta escena me llevo a la sombra. Gracias.